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Activistas impiden que las cinco vacas vuelvan a manos de su maltratador para ser sacrificadas: «Estas vacas no se tocan»

Imagen de la Manada Cantabra

diarioanimal
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Ayer se vivió un importante hito para el movimiento animalista en España, cuando más de un centenar de activistas respondieron al llamamiento del refugio de animales La Manada Cántabra en Oruña de Piélagos, Cantabria. Su objetivo: evitar que cinco vacas, rescatadas hace dos años en estado crítico, fueran devueltas a su antiguo dueño, un ganadero con antecedentes por maltrato animal.

Los activistas, llegados desde diversos puntos del país, formaron una cadena humana pacífica en los caminos que conducen al santuario, protegiendo a los animales que han sido cuidados y rehabilitados por el refugio tras haber sido encontradas desnutridas, encadenadas y en condiciones deplorables en una explotación ganadera de Sarón en 2022.

Presión social en acción

La protesta contó con el respaldo de medios de comunicación locales y nacionales, así como con la presencia de representantes de colectivos animalistas y partidos políticos. Los activistas corearon consignas como «Estas vacas no se tocan», logrando que el traslado no se ejecutara ese día.

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La Guardia Civil, encargada de hacer cumplir la orden judicial, pidió a los manifestantes que despejaran los caminos. Sin embargo, ante la resistencia pacífica de los activistas, optaron por no proceder al traslado inmediato y remitir la situación al juzgado correspondiente.

El santuario alza la voz

Patricia López, responsable del refugio, declaró a los medios: “De momento se ha parado, pero tenemos que seguir aquí, porque vendrán. Esto es una orden judicial”. Según López, el SEPRONA trasladará al juzgado la imposibilidad de realizar el traslado debido a la multitud concentrada, quedando la decisión en manos de la jueza a cargo del caso.

Las vacas, decomisadas por el SEPRONA en 2022, estaban al borde de la muerte debido a las condiciones en las que vivían: encadenadas, sin ventilación ni agua limpia, y en completa oscuridad. Durante dos años, el refugio se encargó de su cuidado, devolviéndolas a un estado de salud óptimo. Sin embargo, el Juzgado de Instrucción número 1 de Medio Cudeyo resolvió que los animales debían ser devueltos a su dueño, quien según el refugio, pretende enviarlas al matadero para lucrarse con su venta. El refugio ha presentado una reclamación extrajudicial al ganadero por los gastos de manutención de los animales, calculados en 30 euros diarios según las tablas del ayuntamiento donde se ubica la explotación ganadera. “Si nos da las vacas, ya está. Pero no vamos a pagar por ellas; eso sería lo último”, afirmó López, destacando la necesidad de sentar un precedente legal para proteger a los animales maltratados.

Un problema de fondo

El caso ha generado gran indignación entre activistas y vecinos, quienes consideran inaceptable que un ganadero con antecedentes de maltrato recupere la custodia de los animales. Incluso ganaderos locales han señalado como una «aberración» el trato dado por este hombre a las vacas.

El llamado del santuario

Desde La Manada Cántabra se ha instado a mantener la movilización y a seguir difundiendo el caso en redes sociales para garantizar la protección de estas vacas. La presión social ha demostrado ser una herramienta clave para evitar que estos animales regresen a un entorno de maltrato.

El compromiso del refugio y del movimiento animalista continúa siendo vital para garantizar un futuro digno y seguro para estas cinco vacas, marcando un precedente en la lucha por los derechos de los animales.

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