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27 perros de caza mueren asfixiados en un ferry entre Barcelona y Mallorca: una tragedia que reabre el debate sobre el transporte animal en la caza

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Veintisiete perros de caza han muerto durante el trayecto marítimo entre Barcelona y Palma tras viajar encerrados en la bodega de un barco dentro de una furgoneta. En total eran 36 los animales trasladados; nueve lograron sobrevivir, aunque llegaron semiinconscientes y en estado crítico. El suceso, ocurrido el sábado 1 de noviembre, ha conmocionado a la isla y ha puesto en evidencia las carencias legales que rodean el transporte de perros de caza en España.

Los animales pertenecían a un grupo de cazadores mallorquines que había viajado días antes a Lituania para entrenar a sus perros durante la temporada de becada. La mayoría eran animales jóvenes en fase de adiestramiento. Tras finalizar su estancia, los cazadores regresaron en avión, mientras los perros eran trasladados por carretera hasta Barcelona por la empresa especializada WeTravelHome, encargada del transporte animal. Según informó Diario de Mallorca, el trayecto terrestre transcurrió sin incidencias. Los problemas comenzaron al embarcar la furgoneta en el ferry con destino a Palma.

Al llegar al puerto mallorquín, los responsables del transporte abrieron el vehículo y se encontraron con una escena devastadora: la mayoría de los perros estaban muertos y los restantes apenas se mantenían conscientes. A las diez de la mañana se dio aviso a la Guardia Civil y al personal portuario.

El Seprona (Servicio de Protección de la Naturaleza) se ha hecho cargo de la investigación. Los agentes interrogaron a los responsables del traslado y a los propietarios, además de analizar las condiciones del vehículo y practicar autopsias para determinar la causa exacta de la muerte. Una de las principales hipótesis apunta a que el sistema de ventilación del vehículo no fue activado durante la travesía, lo que habría provocado un rápido descenso del oxígeno y un aumento extremo de la temperatura en el interior.

Felip Alba, uno de los cazadores afectados, relató a Última Hora que había perdido a sus dos perros en el siniestro. “Estamos destrozados. Uno de mis compañeros ha perdido siete perros y otros, entre tres y cuatro”, lamentó. Según explicó, recurrieron al transporte especializado por motivos mecánicos y confiaban en que los animales viajarán seguros.

La Federación Balear de Caza expresó su pesar el día siguiente del suceso y trasladó su apoyo a los dueños de los animales. Su presidenta, Marta Lliteres, subrayó que los perros “no son simples animales de trabajo, sino compañeros inseparables, fruto de años de dedicación, adiestramiento y afecto”. La entidad se comprometió a colaborar con la investigación y reclamó que se esclarezcan los hechos y se asuman las responsabilidades que correspondan.

El caso ha reavivado el debate sobre las condiciones en las que se transportan los perros de caza, especialmente durante travesías marítimas. Aunque la legislación española no prohíbe que estos animales viajen dentro de furgonetas cerradas —siempre que el espacio sea seguro, ventilado y se garantice su bienestar físico—, la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales los excluye expresamente de su ámbito de aplicación, dejando su regulación en manos de otras normas.

Entre ellas, el Real Decreto 990/2022 y el Reglamento (CE) n.º 1/2005 establecen los criterios de bienestar durante el transporte, pero solo son plenamente exigibles en desplazamientos vinculados a actividades económicas o comerciales. Las actividades cinegéticas o traslados particulares quedan en gran medida fuera de ese control.

Esta laguna jurídica permite, en la práctica, que muchos perros de caza sean transportados en vehículos cerrados durante horas o incluso días, sin garantías reales de ventilación, control térmico ni supervisión veterinaria, lo que abre la puerta a situaciones de riesgo y sufrimiento animal.

Además, las comunidades autónomas pueden aplicar regulaciones propias, lo que genera un mosaico normativo que complica la supervisión de este tipo de desplazamientos. En Baleares, como en otras regiones, el transporte de perros de caza en ferris comerciales sigue estando permitido, pese a los riesgos que implica para la vida y el bienestar de los animales.

El Seprona mantiene abiertas todas las líneas de investigación a la espera de los resultados de las autopsias. Mientras tanto, la muerte de estos 27 perros de caza vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto la legalidad ampara prácticas que, aun siendo legales, siguen siendo inaceptables desde el punto de vista del bienestar animal?

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